Solo una minoría de las entidades ofrece soluciones financieras diseñadas específicamente para mujeres, mientras los hombres concentran la mayor parte del ahorro formal.
El sistema financiero dominicano ha logrado avances sostenidos en el acceso a productos financieros básicos y al crédito formal, pero los datos más recientes confirman que estos progresos no se distribuyen de manera equitativa entre hombres y mujeres. Aunque la mayoría de los servicios no establece distinciones de género, persisten diferencias relevantes en la tenencia de cuentas, el volumen de ahorro y la disponibilidad de productos financieros diseñados específicamente para mujeres.
De acuerdo con el informe “Hacia un sistema financiero inclusivo y sostenible 2025”, elaborado por la Superintendencia de Bancos (SB), los hombres concentran una mayor participación en las cuentas de ahorro del sistema financiero dominicano, con un 52% del total, frente a un 48% correspondiente a mujeres. Esta brecha, aunque moderada, se amplía cuando se analizan otros indicadores clave, como el ahorro a plazo y la oferta de productos con enfoque de género.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que solo el 14% de las entidades de intermediación financiera (EIF) cuenta con productos o servicios diseñados específicamente para mujeres. Al desagregar por tipo de institución, el 13% de los bancos múltiples, el 10% de las asociaciones de ahorros y préstamos y el 7% de los bancos de ahorro y crédito reportaron ofrecer este tipo de soluciones, lo que evidencia un amplio margen para ampliar la inclusión financiera con enfoque diferenciado.
En cuanto a la naturaleza de estos productos, la mayor parte se concentra en préstamos, ofrecidos por el 14% de las entidades. Las tarjetas de crédito y líneas de crédito representan apenas un 7% cada una, mientras que las cuentas de ahorro dirigidas específicamente a mujeres alcanzan solo el 2%. Para la Superintendencia de Bancos, esta distribución refleja la necesidad de diversificar la oferta y adaptarla mejor a los distintos perfiles financieros femeninos.
Entre las entidades que sí cuentan con créditos orientados a mujeres, el beneficio más común es la educación financiera, reportada por el 9% de las EIF. Otros servicios complementarios, como asistencia en el hogar, seguros de salud o de vida, y apoyo en transporte, tienen una presencia aún más limitada, aunque apuntan a un enfoque más integral en la atención a las usuarias.
Las diferencias de género se hacen más evidentes al analizar los volúmenes de ahorro. Según el informe “Tendencias del ahorro en República Dominicana”, correspondiente al primer semestre de 2025, los hombres acumulan mayores montos en todos los instrumentos de captación. El balance de los depósitos a plazo en manos masculinas asciende a RD$498 mil millones, mientras que en las cuentas de ahorro alcanza RD$424 mil millones. En contraste, las mujeres concentran su mayor volumen en cuentas de ahorro, con RD$361 mil millones, y mantienen RD$337 mil millones en depósitos a plazo.
Este patrón sugiere comportamientos distintos frente al ahorro formal: mientras los hombres privilegian instrumentos de mayor plazo, las mujeres tienden a optar por productos con mayor liquidez. No obstante, ambos grupos muestran una tendencia creciente hacia la formalización de sus ahorros.
En el acceso al crédito, las brechas son menos pronunciadas. A diciembre de 2024, el sistema financiero registraba 2.35 millones de personas físicas con crédito formal, de las cuales el 48% eran mujeres y el 52% hombres. El acceso al crédito alcanzó al 27% de la población femenina en edad de trabajar y al 31% de la masculina, con una evolución positiva para ambos grupos entre 2021 y 2024.
La Superintendencia de Bancos destaca que, desde 2022, el crecimiento del crédito ha sido más dinámico entre las mujeres, con una tasa anual de 5.1%, frente a 4.9% en los hombres. Además, aunque la deuda promedio sigue siendo mayor en el segmento masculino, la brecha se ha reducido ligeramente en los últimos años.
En materia de educación financiera, el 18% de las EIF reporta programas dirigidos específicamente a mujeres, con avances notables en los bancos de ahorro y crédito y la incorporación, por primera vez, de entidades de pago y microfinanzas. A esto se suman iniciativas internas aún incipientes, como áreas de lactancia, dispensarios de productos de higiene femenina y capacitaciones en detección de violencia financiera.
En conjunto, los datos reflejan un sistema financiero que avanza en inclusión, pero que todavía enfrenta el desafío de cerrar brechas de género, especialmente en el diseño de productos, la acumulación de ahorro y la atención integral a las necesidades financieras de las mujeres.
