América Latina ante su década más desigual: avances, retrocesos y el contraste dominicano

Durante los últimos diez años, América Latina ha atravesado una de las etapas económicas más complejas de su historia reciente. Lejos del auge de los primeros años del 2000, la región entró desde mediados de la década pasada en un período de crecimiento bajo, alta volatilidad y profundas asimetrías entre países. Mientras algunas economías lograron estabilidad y avances graduales, otras cayeron en crisis prolongadas que aún condicionan su presente y su futuro.

Entre 2015 y 2024, el crecimiento promedio regional fue insuficiente para reducir desigualdades estructurales, generar empleo formal masivo o consolidar clases medias sólidas. A esto se sumaron factores globales como la pandemia, inflación internacional, tensiones geopolíticas que golpearon con mayor fuerza a economías frágiles, dependientes de materias primas o con instituciones debilitadas.

En tal sentido, el mapa económico latinoamericano de la última década muestra trayectorias divergentes. En un primer grupo se ubican países que, con matices, lograron estabilidad macroeconómica y crecimiento moderado. Algunas economías de Centroamérica, junto a Paraguay y Perú en ciertos períodos, mantuvieron tasas de expansión sostenidas, apoyadas en consumo interno, exportaciones específicas y flujos constantes de remesas.

En contraste, varias de las economías más grandes de la región enfrentaron un prolongado estancamiento. Brasil y México, motores históricos del continente, crecieron por debajo de su potencial durante buena parte de la década, limitados por baja productividad, escasa inversión y tensiones políticas internas. Chile, durante años considerado un referente regional, entró en una fase de menor dinamismo tras el fin del súper ciclo de los commodities y un proceso de cambios institucionales que introdujo incertidumbre.

El caso más extremo es el de los países en crisis estructural. Venezuela atraviesa desde hace más de una década un colapso económico sin precedentes en la región, con hiperinflación, caída del PIB y migración masiva. Argentina, por su parte, alternó ciclos de recuperación y recesión, con alta inflación, restricciones externas y pérdida sostenida de poder adquisitivo, aunque recientemente intenta una corrección profunda de su modelo económico cuyos resultados aún están en evaluación.

Este escenario regional ha llevado a organismos internacionales a hablar de una “década perdida” en términos de desarrollo. El crecimiento promedio fue bajo, la inversión insuficiente y la informalidad laboral se consolidó como norma para millones de trabajadores. Aunque hubo avances sociales puntuales, estos no lograron revertir la sensación de vulnerabilidad económica que persiste en amplios sectores de la población.

En medio de este contexto regional adverso, la República Dominicana emerge como una excepción relevante. Durante los últimos diez años, el país registró uno de los crecimientos económicos más altos y sostenidos de América Latina, con un promedio cercano al 5 % anual, muy por encima de la media regional.

Este desempeño se apoyó en varios pilare, la expansión del sector servicios, el crecimiento constante del turismo, el dinamismo de las remesas y una política macroeconómica que priorizó estabilidad y atracción de inversión. Incluso tras el impacto de la pandemia, la economía dominicana mostró una recuperación rápida, consolidándose como una de las más resilientes del Caribe y América Latina.

El crecimiento sostenido tuvo efectos concretos, reducción de la pobreza, expansión del empleo y mayor estabilidad macroeconómica. A diferencia de otros países de la región, la República Dominicana logró mantener un clima favorable para la inversión y evitar crisis fiscales o monetarias de gran escala, lo que fortaleció su imagen internacional y su capacidad de financiamiento.

Sin embargo, este contraste positivo no elimina los desafíos. El modelo dominicano sigue dependiendo en gran medida de sectores tradicionales, enfrenta retos en productividad, calidad del empleo y diversificación económica, y debe prepararse para un entorno internacional cada vez más incierto. La diferencia es que lo hace desde una posición de fortaleza relativa, no desde la emergencia.

Manuel De Jesús Ruiz

Manuel De Jesús Ruiz

Abogado, politólogo & periodista, experto en sectores regulados, política & economía. Más de 15 años de experiencia en los distintos formatos de la comunicación, colaborando con medios nacionales en investigaciones periodísticas de corrupción administrativa, y otros temas de su expertis.
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Manuel De Jesús Ruiz
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