Finalizando este 2025, el conflicto entre Rusia y Ucrania, iniciado con la invasión a gran escala por parte de Moscú el 24 de febrero de 2022, se ha convertido en uno de los enfrentamientos más prolongados y complejos de principios del siglo XXI, con profundas consecuencias geopolíticas, humanas y económicas. Lo que comenzó como una operación militar rusa con objetivos limitados escaló rápidamente en un conflicto a gran escala que ha redefinido las relaciones internacionales y generado impacto global.
El origen del conflicto se remonta a décadas de tensiones entre Rusia y Ucrania, con factores históricos, culturales y estratégicos que alimentaron la desconfianza mutua. Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, Kiev buscó establecer una identidad nacional y acercarse a instituciones europeas y atlánticas, incluida la aspiración de integrarse en la OTAN. Moscú percibió estas acciones como una amenaza directa a su esfera de influencia y seguridad, especialmente debido a la expansión de alianzas occidentales en Europa del Este. Esta percepción se agudizó tras la anexión rusa de Crimea en 2014 y su apoyo a separatistas en el este de Ucrania, actos condenados por gran parte de la comunidad internacional como violaciones del derecho internacional.
La invasión de 2022 fue justificadamente descrita por Rusia como una “operación militar especial” para “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, aunque estas razones fueron ampliamente rechazadas por gobiernos y analistas occidentales y catalogadas como pretextos para una agresión territorial. Por su parte, Ucrania defendió su soberanía y derecho a la autodeterminación, recibiendo apoyo político, económico y militar de numerosos países y organizaciones internacionales.
Desde 2022 hasta finales de 2025, el conflicto ha evolucionado en múltiples frentes y fases de combates intensos. A lo largo de este periodo:
- Intensificación del combate y ofensivas regionales: En 2025, las fuerzas rusas lanzaron operaciones ofensivas, como la ofensiva en la región de Sumy y otros puntos del frente, con combates diarios que han causado miles de bajas y desplazamientos.
- Uso de drones y ataques estratégicos: Ambas partes han empleado drones y misiles en ataques tanto en zonas de combate como en infraestructura crítica. Ucrania ha cometido ataques con drones incluso dentro de territorio ruso, mientras que Rusia ha intensificado sus ataques con drones sobre regiones ucranianas, incluidas ciudades como Odesa.
- Pérdidas humanas y desplazamientos: Las estimaciones de la ONU y otras organizaciones señalan que miles de civiles han muerto o resultado heridos, mientras millones han sido desplazados internamente o como refugiados.
- Territorio y control: Moscú busca establecer una “zona tampón” en regiones fronterizas como Sumy y Járkov, en lo que las autoridades ucranianas consideran una maniobra para consolidar control territorial.
La guerra no solo ha sido un choque militar convencional: también ha implicado una guerra de narrativas, sanciones económicas, ciberataques y esfuerzos diplomáticos. Las negociaciones de paz han sido esporádicas, con intercambios de prisioneros en algunas ocasiones, pero sin un avance definitivo hacia un alto el fuego permanente.
El conflicto ha tenido repercusiones más allá de las fronteras de Ucrania:
- Relaciones internacionales: La invasión deterioró las relaciones de Rusia con Occidente, resultando en sanciones económicas significativas que afectan al comercio, finanzas y tecnología en el país euroasiático. Las alianzas con potencias como China han tomado mayor relevancia en el contexto estratégico global.
- Seguridad europea: Las tensiones en Europa han aumentado, llevando a debates sobre el papel de la OTAN, el gasto en defensa y la seguridad energética, además de provocar movimientos de tropas y ejercicios militares en países vecinos.
- Costo humanitario y económico: El conflicto ha causado destrucción masiva de infraestructura, crisis humanitarias y perturbaciones en mercados globales de energía y alimentos, especialmente debido al impacto en la producción agrícola de Ucrania y la exportación de granos.
Hasta finales de 2025, el conflicto continúa con intensos combates, impactos civiles severos y poca claridad sobre una resolución negociada. Las partes mantienen posturas firmes: Rusia busca consolidar control y seguridad en zonas fronterizas, mientras Ucrania lucha por recuperar territorio y asegurar apoyo internacional continuo. El resultado final del conflicto sigue siendo incierto, con un impacto duradero en la seguridad y la política global.
Este conflicto ilustra cómo tensiones geopolíticas acumuladas, aspiraciones de soberanía y alianzas estratégicas pueden desencadenar enfrentamientos prolongados con amplias consecuencias para la comunidad internacional, más allá de los campos de batalla.
