La República Dominicana se encamina hacia 2026 en medio de un escenario regional e internacional marcado por la desaceleración económica, tensiones geopolíticas persistentes y desafíos estructurales no resueltos. Aunque el país mantiene fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos en comparación con otras economías de América Latina, el contexto actual sugiere que el próximo año podría presentar retos significativos que pondrán a prueba la capacidad de gestión económica del Estado.
En tal sentido, uno de los principales problemas económicos que podría enfrentar la República Dominicana en 2026 es la moderación del crecimiento económico. Tras varios años de expansión impulsada por el turismo, las remesas y la inversión extranjera, las proyecciones apuntan a un ritmo de crecimiento más lento, condicionado por un menor dinamismo del consumo interno y una demanda externa menos favorable. Este escenario está alineado con la tendencia regional, donde América Latina continúa mostrando un crecimiento bajo, limitado por factores estructurales y la debilidad del comercio global.
A este panorama se suma la situación fiscal. El déficit presupuestario y el nivel de endeudamiento público seguirán siendo temas sensibles en 2026, especialmente si el Estado mantiene un alto nivel de gasto sin una reforma fiscal integral que fortalezca los ingresos. La limitada presión tributaria y la dependencia del financiamiento externo reducen el margen de maniobra ante posibles choques económicos, como un encarecimiento del crédito internacional o una caída en los ingresos por turismo y exportaciones.
Otro riesgo relevante es la vulnerabilidad externa de la economía dominicana. Una posible depreciación del peso frente al dólar, impulsada por cambios en la política monetaria de Estados Unidos o por un deterioro de la balanza comercial, podría generar presiones inflacionarias y encarecer el servicio de la deuda externa. Además, el país sigue siendo altamente dependiente de factores externos como las remesas, el turismo y los flujos de inversión extranjera directa, sectores sensibles a la incertidumbre económica y política global.
En el plano interno, persisten desafíos estructurales que podrían limitar el crecimiento en 2026. La baja productividad en algunos sectores, la informalidad laboral, la necesidad de mayor inversión en infraestructura y capital humano, así como las desigualdades sociales, representan obstáculos para un crecimiento más inclusivo y sostenible. Una desaceleración económica podría agravar estos problemas, afectando el empleo formal y el poder adquisitivo de los hogares.
En conjunto, la República Dominicana enfrenta en 2026 un escenario de riesgos económicos que no implican necesariamente una crisis, pero sí demandan políticas públicas prudentes, reformas estructurales y una gestión fiscal responsable. La capacidad del país para anticiparse a estos desafíos y fortalecer su resiliencia será clave para mantener la estabilidad macroeconómica y sostener el crecimiento en un entorno regional e internacional cada vez más complejo.
