República Dominicana y la urgencia de una élite gobernante con visión de Estado

En la República Dominicana, el debate político suele girar en torno a nombres, partidos y coyunturas electorales, mientras el país avanza, a veces con éxito, otras con tropiezos, sin un proyecto nacional claramente asumido por toda la clase dirigente. El problema no es la ausencia de crecimiento económico, sino la falta de una élite política verdaderamente gobernante, capaz de sostener un plan de desarrollo integral que trascienda los ciclos electorales, los liderazgos individuales y las luchas partidarias.

La historia reciente dominicana muestra una constante: cada gobierno llega con su propio “plan”, su narrativa y sus prioridades, muchas veces desmontando o reconfigurando lo hecho por la administración anterior. Esto genera discontinuidad en políticas públicas clave como educación, institucionalidad, seguridad, desarrollo productivo, ordenamiento territorial o cultura. El resultado es un Estado que avanza a saltos, dependiendo más de la voluntad del gobernante de turno que de una visión compartida de largo plazo.

Una élite gobernante no implica una casta cerrada ni antidemocrática. Al contrario, se trata de un consenso estratégico entre actores políticos, económicos, sociales y técnicos sobre hacia dónde debe ir el país en 20 o 30 años, y cuáles son las reglas básicas que no deben cambiar con cada elección. Países que lograron saltos cualitativos en desarrollo, desde Corea del Sur hasta Chile en ciertas etapas, entendieron que la estabilidad de un proyecto nacional es tan importante como la alternancia en el poder.

En República Dominicana, el Estado ha demostrado capacidad de gestión macroeconómica y atracción de inversión, pero sigue careciendo de una narrativa nacional de desarrollo. No existe un acuerdo profundo sobre qué tipo de economía se quiere construir más allá del turismo y las remesas; qué modelo educativo debe sostener ese desarrollo; qué institucionalidad es necesaria para reducir la desigualdad y fortalecer el Estado de derecho; o qué papel juega la cultura como eje de cohesión social e identidad.

La política dominicana, atrapada en el corto plazo, ha funcionado más como un mecanismo de administración del poder que como una herramienta de conducción estratégica del país. Las llamadas “fuerzas fácticas” empresariales, mediáticas, internacionales o corporativas, suelen llenar ese vacío, influyendo en decisiones clave sin que exista un marco nacional claro que las ordene. Cuando no hay una élite gobernante con visión de Estado, el rumbo lo define la coyuntura.

Consolidar una clase política gobernante requiere profesionalización, formación en gestión pública, respeto a la institucionalidad y, sobre todo, una ética del Estado por encima del partido. Implica que ciertos pilares, educación de calidad, seguridad jurídica, estabilidad fiscal, fortalecimiento institucional, desarrollo productivo y cultural, sean intocables, independientemente de quién gane las elecciones.

La democracia no se debilita cuando existe continuidad estratégica; se fortalece. Lo que erosiona la confianza ciudadana es la sensación de que cada cuatro años el país vuelve a empezar de cero. República Dominicana necesita pasar de una política de gobierno a una política de Estado, donde las figuras importen menos que el proyecto nacional que están obligadas a ejecutar.

Sin una élite gobernante con visión histórica, el país seguirá creciendo, sí, pero sin dirección clara. Y crecer sin rumbo no es desarrollo: es apenas sobrevivir al próximo ciclo político.

Manuel De Jesús Ruiz

Manuel De Jesús Ruiz

Abogado, politólogo & periodista, experto en sectores regulados, política & economía. Más de 15 años de experiencia en los distintos formatos de la comunicación, colaborando con medios nacionales en investigaciones periodísticas de corrupción administrativa, y otros temas de su expertis.
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Manuel De Jesús Ruiz
Abogado, politólogo & periodista, experto en sectores regulados, política & economía. Más de 15 años de experiencia en los distintos formatos de la comunicación, colaborando con medios nacionales en investigaciones periodísticas de corrupción administrativa, y otros temas de su expertis.